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Hablando con … Francisco Javier Aguayo Jiménez

En esta ocasión, hablamos con una persona de Hermandad, importante dentro de la misma por la gran labor que desempeña al frente de una cuadrilla de alrededor 60 costaleros.

Son 7 los años con este 2015 (D.m), los Miércoles Santo que nuestra formación lleva poniendo los sones al paso de misterio del que él está al mando, el de Ntro. Sr. de la Columna. Persona humilde, sencilla y con gusto a la hora de hacer las cosas. Hablamos de Francisco Javier Aguayo Jiménez “Chico”, que nos atendió muy gustosamente, compartimos un buen ratito de charla y nos contó sus vivencias y trayectoria, a lo largo de casi toda su vida de Fé y amor a sus titulares de la Hermandad de la Esperanza.

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  • ¿Cómo fue tu llegada a la Hermandad y cual la trayectoria hasta ser el capataz del paso de misterio?

A la Hermandad llegué como nazareno de capita. De pequeño salía en la Borriquita y después en la Esperanza. Tendría quizás 6 ó 7 años. Creo recordar que hicieron una especie de campaña por el colegio, por si se querían apuntar niños a la cofradía. Recuerdo que en el bloque de pisos donde vivía salíamos todos los niños de capita en la Esperanza.

Unos años más tarde estuve vistiendo el hábito nazareno hasta los 16 años, edad en la que ya empecé a salir de costalero en el paso de palio de la Esperanza hasta los 22 años, pues ya con 23 me hice cargo del paso de misterio.

Pasé a formar parte de la Junta de Gobierno cuando tenía 18 años, como vocal de costaleros. Antiguamente, en la Junta de Gobierno de la Esperanza, había un vocal de costaleros por cada paso, cuya función era transmitir, al seno de la junta de gobierno, la inquietudes que se tenían por parte de los costaleros. Tenía voz, pero no voto a la hora de las decisiones.

Entré a la Junta, como bien digo, a los 18 años y cuando tenía entre los 20-21, empezamos a plantear el proyecto del paso de misterio. Como el paso nueva era de un tamaño considerable (no había ningún paso de esas dimensiones por aquel entonces en La Rambla), pues un año antes, empezamos a buscar costaleros, para ver si teníamos suficientes para poder llevar ese paso. No sé si por amistades o por empeño, apunté a bastante gente. Tras una reunión que tuvimos en la ermita de San José, no había capataz para el nuevo paso, pues el anterior, mi querido amigo José Ramón Pedraza, dijo que no iba a seguir al frente del cargo y, tras una deliberación entre los asistentes, se me comunicó si quería encargarme yo. La verdad, tampoco sabíamos si esa decisión iba a ser algo a corto o a largo plazo. Salí por primera vez de capataz en 1994, que fue el primer año que salió el paso nuevo, hasta hoy día.

  • ¿Qué supone para ti ser el capataz de la cuadrilla que porta a Ntro. Sr. De la Columna?

Para mí es un orgullo. Yo creo que después de las vivencias que he tenido bajo el paso de palio, que han sido muchas y muy bonitas, las mayores satisfacciones que he tenido en la Semana Santa han sido como capataz del Señor de la Columna indudablemente.

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  • ¿Cuántos años llevas de capataz?

Este año 2015 son veintiuno los que llevo, de los que dos, por desgracia, no llegamos a procesionar debido a las inclemencias meteorológicas.

  • ¿Qué peso crees que tiene tu hermandad en la Semana Santa de La Rambla?

Creo que todas las Hermandades de La Rambla tienen su peso, su idiosincracia y su forma de entender y vivir la Semana Santa, pero creo que la nuestra siempre se ha caracterizado por su tendencia a mirar de reojo a la que, para mi, es el espejo de la actual Semana Santa, la de Sevilla. Pienso que el Miércoles Santo es un día intermedio de la Semana, cuando aún no han llegado los “días grandes”, digamos, Jueves y Viernes Santo, pero “sacamos” una procesión que yo creo que le “tira” mucho a la gente. Somos una hermandad de gloria, de “bulla”, mariana por excelencia, y, al ser la antesala de esos días, hay mucha afluencia de personas en la calle y, muchas de ellas, son rambleños que viven fuera, en otras localidades, en otras autonomías, y que vuelven esta Semana para pasarla en su pueblo; y sobre todo se nota en la salida, en la entrada y también, en los últimos años, desde que se cambió el recorrido del desfile procesional, en la curva de la calle Guevara, debido a la estrechez del sitio y a las dimensiones de los pasos.

  • Como costalero antes, y capataz ahora, ese sufrimiento que se ve debajo de un paso puede sorprender mucho. No sé si conoces a gente de fuera que te ha llegado y te ha preguntado que qué necesidad tienes de sufrir tanto.

Claro, para empezar el que llega de fuera, no comprende lo que es un costalero, no comprende el peso de llevar a tu Titular y lo que ello implica. Ellos lo ven como un esfuerzo físico, no como un acto de fé. Es como si vas a unas fiestas de cualquier sitio, con sus costumbres, que no has visto nunca y quieres “empaparte” de ellas. Algo que no has ido viéndolo crecer contigo no se puede comprender si no lo vives desde dentro.

Cuando me metí debajo del paso de la Esperanza por primera vez, en ese instante, te cambia la visión de todo lo que es el mundo costalero. Saber aguantar el peso de tu Virgen, ayudar y que te ayuden tus hermanos costaleros cuando vas rendido…..Creo que no puedes saberlo bien, si nunca te has metido debajo de un paso.

  • ¿Qué opinas actualmente del mundo del costal?

Creo que los costaleros tienen demasiado peso, sobre todo, en algunas hermandades; bien porque la hermandad en sí esté dirigida por mucha gente de debajo de los pasos, o bien porque se les ha dado mucha mano a la hora de tomar determinadas decisiones. Pienso que el costalero debe permanecer siempre en el anonimato, trabajar y ayudar a su hermandad y nunca cobrar un protagonismo excesivo ni intentar mediar en una Junta de Gobierno, por supuesto.

  • ¿Costalero por afición o por devoción?

Hay de todo. Normalmente, la gente joven, llega por afición y por amigos que tienen en la cuadrilla, que le han hablado del ambiente que se vive, etc. y se apuntan… y otros llegan por devoción también, pero creo que la mayoría entran de primeras por afición. Después, indudablemente, se quedan los que tiene devoción, los otros van saliendo.

  • ¿Cómo vives las horas antes de que se abra el portón de la parroquia cada Miércoles Santo?

Normalmente, bastante nervioso. Suelo estar tranquilo hasta el Martes Santo, incluso hasta el Miércoles Santo por la mañana, y después me gusta estar tranquilo en mi casa toda la tarde.

Ese día, para mí el más grande del año, intento estar con mi familia, repasando las cosas que tengo en mente para que no se me quede nada en el aire, pero sí es cierto que cuando ya se acerca la hora de marchar a la Parroquia me pongo bastante nervioso.

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  • De cara a ser leída esta entrevista ¿Qué esperas de cada Miércoles Santo? ¿Con qué momento te quedarías?

Espero siempre que no haya sobresaltos, que vaya todo bien, que la gente disfrute de la estación de penitencia y que no suceda nada fuera de lo establecido, sobre todo en la salida, en la entrada, que no se rompa nada, que a ningún costalero le pase nada… en definitiva, que las cosas no se salgan del guión y que tengamos una buena estación de penitencia.

Me suelo quedar con las vivencias que me reporta lo que es la calle. El ir por la calle y ver cómo la gente mira al Señor mientras pasa, las caras de los niños sorprendidos viendo los romanos, el silencio de algunos costaleros a los que ese año les falta alguien, un familiar o algún conocido que ha sido llamado al cielo… sobre todo eso, las vivencias de ese día.

Después, cuando ya veo la procesión por televisión, me fijo más en los gestos técnicos, una levantá, una marcha, una revirá… pero las vivencias de ese día son las que intento que no se me olviden, y, sobre todo, cuando ya después de la procesión me voy para mi casa, esa sensación de que vas lleno de Fé y de felicidad, sabiendo del trabajo más o menos bien hecho y ya te acuestas, ese momento es mágico. La llegada a mi casa el Miércoles santo “después de”, eso es magnífico.

  • Cuándo acaba la Semana Santa ¿qué? ¿Cuál es tu sensación?

Que ha pasado lo bonito y ahora queda el trabajo de desmontar,  que se lleva otras 2 o 3 semanas, quitar el cuartelillo, tenemos reuniones cada dos por tres, etc. Nosotros, prácticamente, estamos todo el año “liados”. Excepto agosto y un poquito de septiembre, el resto del año no paramos, ya que siempre hay algo que hacer. Nos encargamos de la Custodia en la procesión del Corpus al ser la Hdad. Sacramental de la Parroquia y por haberlo hecho históricamente, este año hemos hecho también la 1ª Cata de pinchos en Diciembre, la Cruz de Mayo… o sea, que termina Semana Santa, desmontas y empezamos a montar la Cruz de Mayo, y no da tiempo a descansar prácticamente.

  • ¿De quién dirías que has aprendido más, o lo planteo de otra manera si te viene mejor, tus referencias en estos años tanto de capataz como de Hermandad?

De capataz, la primera referencia que tuve fue la de Juan Amador García, porque fue el primero al que estuve al mando, también he estado de costalero en el palio del Rosario con José Manuel Ramírez y de todos aprendes, todos tienen algo de lo que tienes que aprender y quedarte con ello y vas adquiriendo un trocito de cada uno.

Después también, desde muy joven, siempre he ido a Sevilla y he visto mucha semana santa en la calle, aprendes, sobre todo, el trato que tiene el capataz con el costalero, que siempre suele ser algo cariñoso, pero sin dejarlo que te coja el brazo cuando sólo le tiendes la mano. Entonces de ellos dos al principio y después de verlo en la calle también.

Respecto a la Hermandad, de nadie especialmente, he intentado quedarme con lo que he podido de todos.

  • ¿Qué significa para ti ser cofrade?

Ser cofrade es un sentimiento, una forma de expresar tu fé, una palabra sin la cual yo no entendería mi vida. Desde que estaba chiquito me acuerdo de ir con un tambor de detergente de esos antiguos, de los redondos de cartón, y darle vueltas al Paseo en agosto tocándolo. Había un albañil, que era amigo de mi padre y estaba trabajando por allí y le decía siempre: “Ya está aquí el tío del tambor”!. Desde pequeño, ya te digo, me ha gustado la Semana Santa y todo lo que conlleva a su alrededor.

Hay una cosa que añoro mucho, que es ponerme la túnica, y que, por supuesto,  cuando deje el llamador del paso de la Columna (no sé cuándo será, cuando el Señor quiera), me la volveré a enfundar, porque siempre he sido nazareno, antes que costalero, y esa manera de hacer penitencia es algo que quiero volver a vivir una vez acabe en el mundo del martillo.

  • ¿Qué es, para ti, lo que diferencia a tu cuadrilla de costaleros de las demás?

No creo que haya una gran diferencia con las demás, para mí lo que cambia, es que es la mía, y entonces intento “educarla” para que mantenga un respeto por las demás cuadrillas, bandas, hermandades y hacia todo el mundo cofrade en general.

Aparte de eso, por supuesto, tenemos nuestra peculiar forma de “andar” que nos caracteriza, igual que el resto de cuadrillas tienen el suyo.

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  • Sin contar a tu hermandad, ¿qué momento de la Semana Santa no puedes perderte?

Pues no me puedo perder, prácticamente, ninguna Cofradía de La Rambla. Yo creo que, incluso, cuando voy a Sevilla el Viernes Santo a ver a mi otra hermandad, la Macarena, casi siempre he visto pasar a Jesús Nazareno por mi casa antes de irme, y he vuelto para ver al Cristo de la Expiración Algunas veces las veo en un determinado lugar, otras en otro, pero para mí todas son especiales y no me suelo perder ninguna cofradía.

  • ¿Quién es la persona que más te ha marcado en el mundo de la Semana Santa y por qué?

Creo que no hay ninguna en especial. He aprendido mucho, dentro de la Semana Santa, de mi cuñado, Rafa Espejo, cuando empecé, con Juanito Amador, con D. José Jiménez Lucena, con José Ramón Pedraza en la Agrupación de Cofradías…es decir, de muchas personas con las que he trabajado en las Juntas, de ahí que no tenga una figura especial que me haya marcado más que otra.

Ahora una serie de preguntas más cortitas sobre sus experiencias recientes y gustos:

 

  • El momento dulce de la Semana Santa del año pasado.

Tengo varios.

La salida del paso de misterio, al hacerlo con una marcha desde dentro de la Iglesia en lugar de con la Marcha Real; también los costaleros me regalaron una pintura preciosa del Sr. De la Columna en mi vigésimo aniversario al martillo, que además tenía una dedicatoria en la parte posterior que me gustó mucho, y sobre todo, por circunstancias, poner en la calle el palio de Ntra. Sra. De la Esperanza. Fue algo que nunca olvidaré, el haber tenido el privilegio de sacar a mi Virgen a la calle como capataz, veinte años después de haber abandonado Sus trabajaderas como costalero.

  • El momento difícil … La Revirá de la Calle Guevara “El Reñidero”

– ¿Una imagen de Cristo? El Señor de la Columna.

– ¿Una imagen de Virgen? Mi Virgen de la Esperanza.

– ¿Un paso de misterio? Indudablemente el del Señor de la Columna

– Una marcha de palio… Macarena

– Una marcha de cornetas y tambores… Tu mirada de Esperanza

– Una marcha de agrupación… Estrellas de tu palio

 

  • ¿Qué no puede faltar en tu Semana Santa?

Los niños de capita en mi Hermandad, es una cosa que no se puede perder.

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     –     Tu Semana Santa no sería lo mismo si…

Si lloviera y se quedase alguna Hermandad sin salir a la calle, es lo que más detesto en    la Semana Santa, que algunos hermanos ó nosotros, no podamos disfrutar de nuestro día grande por culpa de la lluvia, con el trabajo y el sacrificio que cuesta “poner” el desfile procesional en la calle.

  • ¿Qué es lo que no te pierdes en Cuaresma?

Muchas cosas. Por supuesto, ningún ensayo de los costaleros, el ratito de estar con mi gente en el cuartelillo, estar tras la barra en el mismo en alguna ocasión, las torrijas que todos los años me regala mi amiga Mariceli, los certámenes de marchas, el pregón… en definitiva, todo lo que rodea a este tiempo previo a la Semana Santa.

  • ¿Qué crees que le sobra a la Semana Santa?

Creo que ahora mismo nada. Hemos tenido momentos álgidos en los que la Semana Santa estaba en todo su esplendor y ahora no es precisamente uno de esos momentos. Estamos en un punto de un poquito de parón, por lo que ahora mismo no le quitaría nada. Todo lo que venga, bienvenido sea.

  • Aparte de La Rambla, ¿Conoces otra Semana Santa que te guste?

Claro. He visto Semana Santa de muchos sitios, sobre todo de Córdoba y Sevilla. Soy un seguidor de la Semana Santa de Sevilla desde pequeño. Antiguamente, cuando no había procesión en La Rambla ni el Lunes ni el Martes Santo, se organizaban excursiones en autobuses y me iba a Sevilla con mi amigo Juan Manuel Garrido, su hermano Alfonso, Antonio Marín, que en paz descanse…y nos tirábamos todo el día andando por allí. Otras veces me iba con mis amigos de los “cuellos sucios” José Antonio Álvarez, Juan Jiménez, Manuel Ramírez, Antonio Jiménez, José Andrés del Río… Cuando no podía ir a Sevilla me iba a Córdoba. Algunas veces, entraba la Borriquita aquí en La Rambla y salíamos pitados para el coche para irnos a Córdoba, no teníamos hora…

  • ¿Qué opinas de nuestra banda?

Precisamente, ayer os estuve viendo en la televisión local, tocando un Jueves Santo en vuestra Hermandad, no sé de qué año sería,  cuando aún erais agrupación musical y no banda de cornetas y tambores, y creo que la banda ha dado un giro importante en todos los sentidos.

Yo diría que antes de ser contratados por nuestra Hermandad, ya cuando acompañabais a la hermandad del Huerto, se veía y quedaba patente, el salto de calidad de vuestra formación. Incluso con las marchas propias que estáis montando actualmente, se nota también la evolución de la banda y la continuidad, que es lo importante y lo más difícil de mantener.

  • Por último, ¿algo que quieras añadir?

Que nadie pierda nunca la Esperanza.

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Muchas gracias Chico, por tu tiempo y el habernos atendido, y que el Señor de la Columna y su Bendita Madre de la Esperanza te acompañen siempre y te guíen siempre por el buen camino en la vida.

 

 

Fotografías: Francisco J. Rivilla, José Jiménez y Francisco J. Aguayo

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